Emblemas blanco

 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Don Manuel Antonio Herrera Vigil*

observador de la historiaEn esta parte más estrecha de todo el Continente Americano, hay lugares un poco diferentes.  La Pita de Alanje es uno de ellos.

La primera vez que recorrí esos arenales, lo hice en compañía de Tío Antonio Vigil.   Íbamos a caballo.   Apenas cruzamos la quebrada, al lado de la casa de la familia Villamonte, entramos a una zona abierta, del que se desprendian trillos marcados por el paso de los caballos hacia Mostrenco, Canta Gallo, Santo Tomás del Tullido, Los Limones, Divalá, San Martín.

A pesar de que es un campo donde se puede excavar arena a 2 o 3 metros de profundidad, allí crecía una hierba tosca, que llegaba a la rodilla, con el tiempo han comprobado que es tan fértil como la tierra negra que le rodea. 

Sin árboles, sin estaquerías que diesen sombra.   Por eso comprendí lo que dijo "Meca", cuando caminaba junto a los otros voluntarios de la Guerra de Coto, rumbo a Divalá y Progreso:

"Este no es el vida que yo anda buscando".

Por esos llanos se movían las manadas de yeguas, que eran dirigidos por la más vieja, una vez al año, hasta la playa, distante varios kilómetros desde allí, para purgarse con agua salada.  Al regreso, los trillos quedaban pintados de verde.

Con el tiempo, se dieron cuenta que esos arenales eran tan fértiles como los campos de tierra negra que les rodea.  Eso llevó a empresas como la Tabacalera Nacional a establecer sus campos de siembra y sus galeras para llevar el tabaco verde, recién cosechado, para recibir el tratamiento adecuado:

Amarrar el tabaco en caña blanca como de 4 pies de largo.

Secar la hoja en hornos de bloques y techo de zinc, como de 5 o 6 metros de altura, con estufas de kerosene, para generar la temperatura adecuada. 

Soltar el tabaco y clasificarlo de acuerdo a tres categorías. 

Secar la vena de las hojas clasificadas, en otros hornos, a mayor temperatura. 

Empacar el tabaco clasificado en toneles de madera, listos para transportar hacia Panamá. 

Allí se ubicó una de las estaciones del Ferrocarril Nacional de Chiriquí, en el tramo inicial, inaugurado por el Dr. Belisario Porras, en abril de 1916.

En una visita que realizara una delegación de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica, Centro Universitario Neilly, formada por los profesores Alonso Rodríguez Chávez, Christian Ocampo Hernández,  Stephany Herrera Rojas y Anne Alice Villalobos, los pude acompañar hasta La Pita, uno de los sitios mencionados durante el conflicto bélico, donde llegaban los voluntarios panameños transportados en los trenes, para que caminasen, desde allí en adelante, hacia Divalá y Progreso. 

Era medio día y la arena reverberaba al reflejar el sol, a medio cielo.

Artículo 1350.  Por los llanos de La Pita. 

Viernes 19 de junio 2026.

David, Provincia de Chiriquí, República de Panamá.

*Manuel Antonio Herrera Vigil. Crónista y colaborador panameño del Boletín de Historia de la UNED.