La conmemoración de los 205 años de vida independiente en este 2026 obliga a Costa Rica a distanciarse de la nostalgia histórica y mirar de frente sus encrucijadas contemporáneas. Desde esta perspectiva, cabe resaltar el rol participativo de muchos hombres y mujeres que han sido grandes protagonistas a lo largo de nuestra historia y que hoy son vilmente olvidados; por ende, no los encontramos en grandes pedestales ni hay nadie que les rinda homenajes pomposos.
El principal desafío del país es la evidente fractura de su histórico contrato social. La clase media sólida y la movilidad social ascendente que alguna vez definieron a la nación hoy enfrentan tensiones estructurales, marcadas por una creciente desigualdad económica y una brecha de desarrollo cada vez más profunda entre el Valle Central y las regiones periféricas, rurales y costeras.
Asimismo, el sistema de salud universal y la educación pública —los pilares que permitieron abolir el ejército para invertir en capital humano— atraviesan pruebas críticas que exigen una profunda modernización sin perder su esencia democrática.
Por otro lado, las oportunidades contemporáneas de Costa Rica radican precisamente en su capacidad para proyectar su identidad de paz, civilismo y sostenibilidad ambiental hacia la era digital. La transición global hacia economías verdes posiciona al país como un laboratorio natural para la descarbonización, la preservación de la biodiversidad y el ecoturismo de alto valor.
En este contexto, la Universidad Estatal a Distancia (UNED) ofrece una plataforma idónea para insertar a las nuevas generaciones en sectores de alta tecnología, servicios globales e innovación. Sin embargo, la verdadera oportunidad del país radica en demostrar que el desarrollo sostenible y la justicia social pueden seguir siendo una práctica viva y equitativa, y no solo un recuerdo resguardado en los museos.
Por ende, estamos obligados a ver esta efeméride como un espacio para la revalorización de las proezas de nuestros antepasados y de las diferentes fuerzas sociales que han defendido con acrisoladas virtudes la soberanía nacional, la dignidad, las convicciones históricas y todos los elementos identitarios que nos han distinguido por antonomasia.
En este sentido, la academia pública está comprometida a generar pensamiento crítico e incentivar la participación incluyente, dinámica e integral de todas las personas que habitan los diferentes territorios, trabajando firmemente para la construcción de una mejor Costa Rica.
Cátedra de Historia de la UNED
