H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
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La Huelga del Aguinaldo: 1959 – 1960

Por Lic. Javier Olivares Ocampo*

   Uno de los movimientos sociales más endurecidos lo representa la “huelga del aguinaldo”, que muy poco se conoce; emprendida contra la Compañía Bananera, cuyo epicentro fue el Pacífico Sur, especialmente Golfito, pero que se extendió a nivel nacional en las plantaciones bananeras y en otras actividades agrícolas. El fin era lograr que los trabajadores del sector agropecuario recibieran el beneficio del aguinaldo, el que había iniciado con el sector público, se generalizó a los trabajadores de otras áreas, pero se negaba a los bananeros por decisión de la empresa.

   Esta huelga alcanzó magnitud en tiempo y espacio, en un contexto muy rico tanto nacional como internacional, así como por las reivindicaciones y la manera de alcanzar conciencia de clase para hacer respetar las leyes nacionales. La empresa se aferraba a continuar violentando los derechos de los trabajadores, en el mejor estilo de los enclaves, con la anuencia de los gobiernos de turno. El pago de un decimotercer mes de salario a los empleados bananeros, año tras año, era negado; ese diciembre de 1959 la panorámica era la misma, pero el contexto era diferente, con trabajadores más organizados, más identificados con las luchas laborales, fortalecidos por la corriente comunista que se desbordaba.

   La Revolución Cubana de 1959 sirvió de motivación para la clase obrera del Pacífico como del Caribe, por lo que el movimiento huelguístico se desarrolló en un momento oportuno, en medio de una férrea resistencia del gobierno derechista, contra la organización obrera, en una clara demostración de fuerzas de la “Guerra Fría”. En ella la clase política recibió grandes lecciones: el partido Comunista había sobrevivido con sus ideales, pese a funcionar en la clandestinidad al haber sido declarado inconstitucional.

   Una vez más se rebasó la presión social en el Pacífico Sur para extenderse a otras regiones. La Compañía intentaba atropellar a los trabajadores, esta vez negándose a pagar el aguinaldo; de manera que la provocación provenía en dos direcciones: la de la injusticia social y la del irrespeto a las leyes de Costa Rica; la soberanía nacional seguía pisoteada por las acciones de la empresa frutera.

   Los antecedentes históricos de la lucha de los trabajadores, fue intensa, con medidas radicales para todas las pretensiones: por los seguros, por la quinina, por el suero antiofídico, por las letrinas, por el agua, por las mejoras sanitarias, por la atención médica, por el derecho a que los trabajadores enfermos fueran hospitalizados, por el salario en efectivo, esta vez por el aguinaldo.

   Luego de un largo proceso de convencimiento de la clase obrera en cuantoa la necesidad de actuar en defensa de sus retribuciones, se inició la huelga indefinida en vísperas  de la Navidad, un 22 de diciembre de 1959 y se extendió hasta   el 17 de enero de 1960 con una negociación vergonzosa en la cual el estado asumió el pago, doblegándose a la United Fruit Company (UFCO).

    La situación se suscitó tras la negativa de la empresa a pagar ese año una semana adicional, pues según acuerdo, en diciembre de 1959 la Compañía debía pagar una semana y el estado las otras tres, así de manera sucesiva, en cuatro años la organización frutera completaría el pago de un mes. De acuerdo a la interpretación del patrono, la ley cubría a los empleados de alto rango, pero no a los trabajadores de campo y a los de las empacadoras. La posición intransigente del contratante ocasionó un descontento general, conveniente a la toma de medidas radicales del proletariado bananero que se dispuso a resistir una larga jornada de expresiones de protesta, cuya medida principal fue “parar” el proceso productivo, en todas las divisiones.

   El presidente de Costa Rica era Mario Echandi Jiménez, quien había sido embajador de Washington, anticomunista declarado al romper relaciones con Cuba; en este afán el mandatario dio largas al asunto, sin premeditar los alcances de los actores sociales descontentos, su capacidad movilizadora, conciencia de clase y contexto político. Debió tener cautela con los entretelones de la Guerra Fría, las presiones ejercidas por la United Fruit Company (UFCO), amparada en la política del gobierno estadounidense, además de la innegable expansión del comunismo  en América Latina, así como la efervescencia sindical costarricense. Contó con el apoyo de los grupos conservadores afines a José Figueres Ferrer, pero con la oposición resistente de tres diputados de corte revolucionario quienes defendía “La Ley del Aguinaldo”: Luis Alberto Monge Álvarez, Guillermo Villalobos Arce, Marcial Aguiluz Orellana.

“Del lado de la izquierda costarricense, el protagonismo fue vital, destacándose en los órganos centrales la labor imperiosa de Manuel Mora Valverde y Arnoldo Ferreto, así como en las bases del movimiento  un grupo importante de dirigentes, principalmente hombres jóvenes identificados plenamente con la causa; estos eran los miembros de la base de la finca. Además se formaba un comité de huelga de nominado Comité de Huelga General del Sector de Coto, y se coordinaba acciones con la Unión de Trabajadores de Golfito (U.T.G) y el Órgano Central del Sindicalismo Costarricense.” (Olivares. p 81).

   Los dirigentes principales fueron Jorge Conejo Peñaranda conocido como Pingüino, e Isaías Marchena Moraga conocido como “El Cabo”; ambos dirigentes sindicales del Pacífico Sur, miembros del partido comunista en la clandestinidad. Sus labores se enfocaban en organizar previamente a los trabajadores, distribuir mensajes, establecer canales de comunicación entre Golfito con San José y con Limón. El modus operandi comprendían reuniones en plana calle para evitar ser acosados por los “rompehuelgas”, estas se denominaban “relámpagos”, se hacían en cada  las finca bananera. Luego los dirigentes se movilizaban entre las veredas de los plantíos para evitar los retenes policiales. Los volantes llegaban al aeropuerto de Coto 47 por medio de las avionetas de la empresa AVE, ya que eran impresos en San José, se retiraban, se distribuían con premura, al igual que se hacía con el periódico comunista. Todas esas acciones debían hacerse con sigilo para evitar ser incautados por los agentes policiales, bajo la consigna que “los dirigentes no debían ir a la cárcel”.

   Una situación que refleja la seriedad de la organización fue que cada comité de huelga disponía de trabajadores encargados de resguardar las instalaciones de la empresa. Durante las 24 horas diarias se custodiaban las empacadoras, talleres, bodegas, oficinas. Esto se hacía con el afán que la empresa no pudiera argumentar daños a la propiedad, evitar que los actos se salieran de control y prevenir acciones violentas como el sabotaje.

   Los trabajadores soportaron durante 27 días sin salario, con el acoso de la policía que aún tramaba sus rasgos militares, de usanza en la época; mientras los “cabecillas” del Sindicato  Rojo proclamaban a diario la necesidad de mantenerse firmes en la insurrección. Los dirigentes se organizaron en las barberías de los centros de población de manera estratégica, diseñaron rutas de infiltración a las fincas bananeras para evitar el paso por los puentes donde se apostaba la gendarmería, hacían recolectas de alimentos en las comunidades campesinas para proveer a los comedores comunitarios, custodiaban los escasos puntos de telefonía para encontrar el momento oportuno para comunicarse con la organización central. La tarea más importante era hacer que la gente no volviera al trabajo pues sería catastrófico para el logro del fin.

   En el Pacífico Sur el apoyo fue total, se paralizó Palmar Sur, Coto y Golfito, en todos los sectores de cada división: plantaciones, empacadoras, cartonera, administración, contabilidad, ferrocarriles, puerto, mantenimiento… en el Caribe se fue robusteciendo el movimiento.  Las pérdidas a la empresa fueron significativas, aun así se mantuvo en su posición sustancial de no pagar, abonando cada día el repudio de diferentes sectores que se aglutinaron en la filosofía del Partido Comunista, reviviendo el protagonismo de Manuel Mora Valverde, momento oportuno para afianzar los avances de la Revolución Cubana, el nacionalismo, el antiimperialismo, las demandas sociales en otras áreas, la activación de las “células comunistas”, las publicaciones en los periódicos, el debate en la Asamblea Legislativa, los foros universitarios,  las tertulias ciudadanas y los círculos intelectuales de izquierda. Aquella lucha iniciada en el seno de la Unión de Trabajadores de Golfito trastocó diferentes entornos nacionales e internacionales en plena Guerra Fría.

   Entre los actores sociales cabe analizar el tipo de dirigencia sindical: por una parte un ala intelectual formada en San José, operando desde el centro del país que aglutinó a sectores tradicionales del extinto Partido Comunista operando encubierto tras ser sometido a la ilegalidad por la Junta de Gobierno Absoluta dirigida por Figueres Ferrer; el otro grupo lo formó el denominado comunismo “criollo” integrado por jóvenes dirigentes establecidos en las zonas bananeras, formados en la lucha diaria contra la empresa, apoyados por el círculo intelectual, cuya militancia les fue proveyendo de información, a través de lecturas del periódico de izquierda, pasquines y tertulias en las barberías;  la mayoría autodidactas, con gran liderazgo sindical, muchos de los cuales en años posteriores fueron formados en Cuba, Alemania Comunista, o en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como los casos de Jorge Conejo e Isaías Marchena.

   Para finalizar la huelga, el gobierno de Echandi llamó a negociar a Manuel Mora, quien le sugiere declarar el asunto emergencia nacional para obtener fondos para cancelar lo adeudado por concepto de aguinaldo, de ese modo el estado se hizo cargo de cancelar. Luego ese aguinaldo lo cancelaron en dos cheques, uno en diciembre y otro en abril, hasta que a los cuatro años la Compañía pagara un treceavo mes, a todos los trabajadores, en el mes de diciembre.

   El dirigente Manuel Mora Valverde, en su discurso pronunciado en el Centro Obrero de Estudios Sociales, el 17 de octubre de 1960, expresó, respecto a esa huelga:

“… Ustedes vieron cómo el Estado Costarricense dio una ley del aguinaldo. Todos los ciudadanos costarricenses se sometieron a ella. Las empresas nacionales se sometieron a la ley. La United Fruit Company  dijo, orgullosa e insolentemente: no cumplo esa ley. Y no la cumplió. Era una huelga no para conseguir un capricho, sino para obligar a la Compañía a cumplir una ley de la República… (Mora, p.372)

   Las consecuencias de esa gesta, aparte del pago de la bonificación, fueron varias: la demostración de la vitalidad sindical, el reavivamiento de los sectores comunistas, la confrontación característica de la Guerra Fría, la consolidación de una dirigencia emergida en las zonas bananeras, la capacidad de movilización de los sectores populares, el reforzamiento de la ideología de izquierda en los sectores marginados, la consolidación del Pacífico Sur como baluarte del comunismo a la tica, la preparación para otros movimientos como la toma de tierras a partir de 1960 , contra ALCOA, contra la Osa Forestal en la década de 1970 y la legalidad del partido de ideología comunista.

   Al final se ganó una lucha más de la clase trabajadora, cuyo simbolismo fue más allá del pago del treceavo mes como un derecho, puso en concreto la defensa de las leyes nacionales, de la soberanía costarricense; evidencia de las injusticias sociales de la economía de enclave, de la explotación a la clase trabajadora,  de la irresponsabilidad estatal; pero lo más glorioso fue la valentía de hombres y mujeres que contra todas las desventajas levantaron la bandera de los derechos y con ella el espíritu luchador para exigir un nuevo estado de la situación, plasmar nuevos proyectos de reivindicación y enriquecer el sistema político con la participación de más actores sociales.

*Lic. Javier Olivares. Profesor de la Cátedra de Historia de la UNED. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Referencias bibliográficas

Mora, Manuel. Discursos: 1934 – 1979. Editorial Presbere, San José, 1980.

Olivares, Javier. Camarada Pingüino. Historia de un líder del Pacífico Sur. Uruk Editores. San José, 2006.