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 H I S T O R I A  Y  S O C I E D A D
Boletín electrónico

 

Ficha técnica

Dirección: Mel Gibson

Producción: Mel Gibson.

Guion: Randall Wallace.

Fotografía: John Toll.

Edición: Steven Rosenblum.

Duración: 177 minutos.

Año: 1995.

En 1997 suceden dos acontecimientos importantes en Escocia, uno simbólico y otro político, pero ambos estrechamente relacionados. El acontecimiento simbólico fue la instalación, en Stirling, de una estatua de William Wallace, inquietantemente parecida a Mel Gibson, con un título en su escudo que leía “Braveheart” y otro en su pedestal que decía “freedom”. Hecho que coincidió con la conmemoración del séptimo centenario de la épica victoria de los escoces sobre los ingleses.

El acontecimiento político fue la aprobación, vía referéndum, de una cámara parlamentaria separada de Reino Unido. Sin ahondar en las causas podemos decir que a finales del siglo XX el pueblo escocés vivió un avivamiento independentista ¿Qué tiene que ver esto con el cine? Sobra decir que hay un fuerte vínculo entre las manifestaciones culturales simbólicas, en este caso el cine, y el fervor nacionalista[1]. Dos años antes, en 1995 se estrenó una película estadounidense titulada “Braveheart”. Una producción exitosa en todo el mundo occidental, salvo en Inglaterra como era de esperar. Ganó cinco premios de la Academia, incluido el de mejor película y recaudó más de 200 millones de dólares, casi triplicando su presupuesto inicial. Estamos ante una producción épica que aborda el tema de la Independencia de Escocia, enfocada en la historia de William Wallace, el mártir del nacionalismo escocés que hizo frente a la opresión inglesa.

El argumento de la película es simple, casi didáctico. A finales del siglo XIII, el rey de Escocia había muerto sin dejar heredero y el despiadado rey Eduardo de Inglaterra se apoderó del trono escocés. En este contexto tan vertiginoso un William Wallace, niño aún, pierde a su padre y a su hermano asesinados por ingleses. Por este motivo el niño pasa a la custodia de su tío quién lo lleva a estudiar al extranjero. Años después, ya hecho un hombre, regresa a Escocia con la intención de vivir en paz en la tierra que lo vio nacer. Wallace se casa con una hermosa e idílica doncella, pero la desgracia vuelve a tocar su puerta. Una tropa de soldados ingleses mata a su joven esposa en un intento fallido de violación. Después de este preludio, la cinta gira alrededor de un eje de odio y venganza. William Wallace se muestra como un xenófobo justificado ¿Acaso hay en el mundo un discurso xenofóbico que no cuente con un imaginario justificante? Dadas las vicisitudes de la vida, Wallace se convierte en el líder de un ejército rudimentario y decidido a vencer las mejor preparadas fuerzas inglesas.

Podríamos asumir que esta producción encaja en lo que definimos como cine histórico, es decir una película que se preocupa por divulgar un evento histórico apegándose lo más posible a la realidad. Recordemos la categorización que hace Juan Antonio Barrio, según él pertenecen al cine Histórico aquellas películas que poseen “una clara intencionalidad de reflejar con mayor o menor verosimilitud un pasado histórico identificable” o las que “se sitúan en escenarios históricos perfectamente entendibles para cualquier espectador”[2].

La contradicción es que el guionista de Braveheart, con tal de darle vida argumental al relato, transforma los hechos históricos constantemente, algunas veces alcanzando lo inverosímil. La película está cargada de acción militar, melodrama y romance hollywoodense, se presenta un William Wallace enamorado y decidido a morir por la libertad de su país. Es mostrado casi como un arquetipo apasionado, idealista y heroico, mientras sus oponentes son mezquinos y despiadados. Wallace no es un noble, pertenece al pueblo, sus intereses están totalmente desvinculados de las banales riquezas mundanas. El héroe sobresale entre los nobles escoces, quienes aceptaban riquezas del rey de Inglaterra a cambio de su libertad y honor. La puesta en escena está llena de sangre, costumbre per se muy usual en el director. Aunque la violencia extrema no la consideramos necesaria tampoco desmerita el relato. En el ámbito artístico hay retoques fotográficos muy bellos y elaborados, como los caballos corriendo por las tierras altas escocesas. Por lo general, el fuerte de estas producciones es el montaje fotográfico.

La película genera la falsa idea de que Wallace es un personaje cuyo recuerdo vive en la luz de la historicidad, cuando la mayoría de lo que se sabe de él tiene tintes legendarios y cuyos vestigios materiales son pocos. Por lo tanto, el guion fue escrito principalmente con inspiración e imaginación. Esta cuestión debe ser tocada con guantes de seda, el cine histórico puede ser un arma de doble filo ya que “tiende a deformar la realidad puesto que se trata, en definitiva, de la plasmación de las inquietudes de los directores de cine y, por lo tanto, este tipo de films suelen responder a preocupaciones sociales y políticas de la época en la que se realizan”[3]. Braveheart es una producción que cae en esta contradicción.

Se podría buscar el valor histórico de la película en la escenografía y el vestuario, que el espectador al menos logre darse una idea de cómo vivían la personas en la Edad Media, qué comían, vestían y calzaban, cómo se divertían o cómo se ganaban el sustento o qué preocupaciones tenían ¿Podría ser el cine histórico una ventana al pasado que alimente la imaginación y el interés del espectador por la historia? Juan Manuel Orgaz afirma que “El cine se presenta como un sugerente instrumento capaz de facilitar al espectador el acercamiento al Medievo con un alto grado de proximidad y una sensación de realismo difícil de lograr desde otros ámbitos”[4]. En Braveherat, el ambiente frío y desolado puede ser apreciado por el espectador como un acercamiento a la Edad Media.

Lastimosamente, son muchos los errores históricos, no podemos citarlos todos. Uno de los más sobresalientes fue la recreación de la Batalla de Stirling, que se llevó a cabo en un puente y no en una planicie como lo supone la película, aunque debemos reconocer que resultó muy convincente, desde el punto de vista técnico y visual, al menos. A pesar de esto la producción técnica es bastante criticable. La cara de Wallace pintada de azul y blanco es un vivo ejemplo de lo que se considera anacronismo histórico, los escoces medievales no tenían esa costumbre propia de los pictos, quienes habían desaparecido como cultura mil años antes. De igual forma, la típica falda escocesa de cuadros que viste Wallace tampoco pertenece al medievo, pero suponemos que pocos directores no se hubieran visto tentados de mostrar este estereotipo. Poco le faltó a Mel Gibson para aparecer con una gaita y bebiendo un whisky en las rocas. Pero el más grande error de todos es que el director entrega una película sobre nacionalismo en plena Edad Media ¿Qué habrá pensado Eric  Hobsbawm?

Sobre el autor

Wagner Ramírez Arroyo, docente universitario de la Cátedra de Historia de la UNED, Bachiller en la Enseñanza de los Estudios Sociales y la Educación Cívica por la Universidad de Costa Rica y Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Americana.

Referencias bibliográficas

Barrios, Juan Antonio. «La Edad Media en el cine del siglo XX.» Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 2005: 241-268.

Orgaz, Juan Manuel. «Entre el cine histórico y la historia medieval.» Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 2006: 292-306.

 


[1] La relación entre la película “Braveheart” y la independencia del parlamento escocés la hizo, en primera instancia, Juan Antonio Barrio en un artículo titulado “La Edad Media en el cine del siglo XX” publicado en el Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales del 2005, a partir de la página 244.

[2] Juan Antonio Barrio, “La Edad Media en el cine del siglo XX,” Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales 15 (2005): 244.

[3] Juan Manuel Orgaz, “Entre el cine histórico y la historia medieval” Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales 16 (2006): 291

[4] Ibíd.